Ultimas imágenes de Curiosity

Pruebas con el taladro, del cual se espera que regresa a la actividad, después de un tiempo de inactividad debido a problemas técnicos. Sol 1848
Ocaso marciano.Sol 1863

viernes, noviembre 17, 2017

Música estelar

Enviar canciones a otro planeta, una curiosa iniciativa del Festival Sonar.

Lograr que la gente levante los ojos al firmamento, que se interese por el Universo en el que vive, que sueñe con otros mundos y realidades, no es sencillo. La parte más "académica" de la astronomía puede hacerse pesada al común de los mortales, y saber transmitirla es algo que no está al alcance de todos. Esa era precisamente el caballo de batalla de Carl Sagan, bajar la ciencia del Olimpo y ponerla al nivel y alcance de todos, aunque fuera simplificando el mensaje. Creía que si esta no era capaz de comunicar, de hacerse entender fuera de sus cerrados círculos habituales, habría fracasado en su principal propósito. Y no le faltaba razón.

Muchos son los caminos por el cual se puede ascender a la cima del conocimiento, algunos más duros y escarpados, otros más sencillos y accesibles, y algunos imaginativos y capaces de relacionar elementos aparentemente sin relación, pero todos igual de válidos para ganarnos el corazón de la gente.Y en esto último camino se enmarca una curiosa pero sin duda interesante iniciativa liderada por el Festival Sonar (Internacional de Música Avanzada y Arte Multimedia), para celebrar su 25º aniversario: El envío de canciones creadas especialmente por artistas implicados el festival a una a la conocida como Estrella de Luyten, a 12,4 años-luz, y que está acompañado por exoplaneta conocido potencialmente habitable, GJ273b.

En total 33 piezas de música de 10 segundos de duración cada una, cuya transmisión se inició los días 16, 17 y 18 de octubre de 2017, desde la antena de la Asociación Científica Europea de Radares de Dispersión Incoherente (EISCAT, por sus siglas en inglés) ubicada en Tromsø, Noruega, y que afrontará su segunda fase de emisión en Abril de 2018. "Ante el reto único de comunicarse con una posible inteligencia extraterrestre, las respuestas de los artistas han sido imaginativas y muy variadas. Desde propuestas de carácter poético hasta músicas matemáticas pensadas para ser fácilmente descifrables, pasando por propuestas más políticas que intentan dar una imagen de lo que somos como humanidad, sin ahorrar la crítica a cómo estamos destruyendo nuestro propio planeta", apuntan desde el Sónar.

Una iniciativa que cuanta con la colaboración de instituciones como el de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC), cuyo director Ignasi Ribas, comenta: "Estamos siendo testigos de un aumento exponencial en nuestro conocimiento de los sistemas planetarios en el universo y ahora conocemos unos 10 exoplanetas que podrían ser adecuados para albergar vida. Por supuesto, no tenemos idea de si la vida ha prosperado en la superficie de esos planetas y si tales formas de vida han desarrollado inteligencia. Pero en IEEC estamos emocionados de participar en el experimento de enviar un mensaje intencional al planeta cercano potencialmente habitable como GJ273b y esperar una respuesta. Si eso sucediera dentro de 25 años, sin duda sería alucinante".

Por encima de todo es una iniciativa que busca conectar con el público del Sonar, con esa gente "de la calle", de un sector de la población en su mayor parte bastante joven que quizás vive desconectado del Universo que se extiende sobre sus cabezas, y en los que quizás, solo quizás, puede que esta conexión entre la música y la astronomía haga despertar su interés. Nada a perder y mucho que ganar. El conocimiento y el saber es como escalar una montaña, se pueden seguir diversas rutas pero al final todos nos encontramos en la cima.

Música a las estrellas.

El objetivo de esta emisión, un mundo situado a 12.4 años-luz. Una (improbable) respuesta llegaría dentro de 25 años, condiciendo con el 50º aniversario del Sonar, lo que evidentemente no es una casualidad, sino algo buscado por los organizadores de esta iniciativa.
 
El Sónar envía 33 canciones a un exoplaneta potencialmente habitable

jueves, noviembre 16, 2017

La maravilla de lo cotidiano

Ross 128 b, un nuevo mundo potencialmente habitable cerca de La Tierra.

Ya no son casi noticia que se descubran planetas en otras estrellas, y de la misma manera cada vez es menor sorprendente encontrar algunos con tamaños parecidos al nuestro, y dentro de estos últimos que se encuentren dentro de la llamada zona habitable de su Sol, allí donde es posible, aunque no necesariamente inevitable, que algunos puedan desarrollar temperaturas superficiales adecuadas para el manteniente de agua líquida. Hace apenas un par de décadas esto era impensable, y los primeros hallazgos estuvieron rodeados de una inmensa expectación. Eran otros tiempos, más emocionantes, pero sin lugar a dudas mucho peores. La misma (relativa) indiferencia con que ahora recibimos estos hallazgos son, paradójicamente, un ejemplo de lo mucho que hemos progresado.

Porque dichos descubrimientos no cesan, el numero de mundos crece exponencialmente, y cada vez vemos que los mundos rocosos como el nuestro son una norma, no una excepción. El Universo está lleno de otras Tierras, aunque seguramente la inmensa mayoría son páramos sin vida, donde algunas circunstancias se pusieron en su contra. Nuestra vecino Venus es un ejemplo que las cosas no son tan sencillas.

Ross 128 b es el más reciente de esos mundos "parecidos a la Tierra" que hemos encontrado en esta transcendental búsqueda, y aunque es otro más de la ya larga lista, también tiene sus detalles que le hace único y hasta intrigante por sus posibilidades. Entre ellas que tiene el mismo tamaño que el nuestro, que se encuentra a una distancia adecuada como para poder disfrutar de temperaturas medias similares a las terrestres, y que su estrella, Ross 128, aunque es una débil enano roja, famosas por sus repentinas llamaradas que bañan a cualquier mundo que las orbite con oleadas de radiación ultravioleta y de rayos X, parece un astro mucho más tranquilo que sus hermanas estelares. Algo que sin duda aumenta de forma exponencial sus posibilidades.

Gracias a los datos de HARPS (High Accuracy Radial velocity Planet Searcher), un equipo de astrónomos descubrió que Ross 128 b orbita 20 veces más cerca de su estrella que la distancia a la que la Tierra orbita del Sol, pero dado que esta es mucho más tenue que esta última, recibe sólo 1,38 veces más radiación que nosotros. Como resultado, se estima que su temperatura de equilibrio se encuentra entre los -60 y los 20° C.Suficiente como para que sus descubridores lo consideren un mundo "templado", aunque aún no está claro si está realmente dentro de la zona de habitabilidad. En todo caso será un objetivo de estudio de primera clase para los futuros observatorios astronómicos, especialmente a la hora de buscar y analizar posibles atmósferas.

Y una última curiosidad. Actualmente Ross 128 se encuentra a 11 años luz, pero en 79.000 años, una eternidad para un humano pero un parpadeo para el Universo, esta pequeña estrella se convertirá en la estrella más cercana a nosotros, incluso más que Próxima Centauri. Y Ross 128 b el exoplaneta más próximo a la Tierra. Si en ese futuro distante nos hemos expandido más allá del Sistema Solar, hacia las aguas interestelares, sus hipotéticos habitantes, quizás colonizadores humanos, podrán señalar una brillante estrella amarilla a las nuevas generaciones y decirles que sus antepasados que de ahí vinieron sus lejanos antepasados.

Ciertamente estos descubrimientos ya no son noticia. Y es maravilloso que así sea.

Conociendo un poco más a este nuevo miembro de la creciente familia de los exoplanetas.

Un viaje desde los cielos terrestres hasta Ross 128 b. 

Descubierto el mundo templado más cercano orbitando una estrella tranquila

miércoles, noviembre 15, 2017

El vuelo del navegante

Iniciadas las pruebas en vuelo supersónico del futuro paracaídas del rover 2020.

Aterrizar en Marte es extremadamente complicado, más que hacerlo en la Tierra o La Luna. Tiene atmósfera, pero ni es lo suficientemente densa como para que un paracaídas sea suficiente para frenar lo necesario para tocar tierra suavemente ni lo suficientemente tenue como para poder dejarse "caer" sin mayor problema, como ocurre con un vehículo lunar. Está en un punto medio en el peor sentido de la palabra, y por ello cada sonda que quiere ser enviada a la superficie debe ser todo un ejercicio de complejidad tecnológica y precisión en las maniobras. El fatal destino de la Schiaparelli, o mirando más atrás, de la Mars Polar Lander, nos recuerdan esta dura realidad.

Por ello todo aterrizaje llega después de años de estudios, diseños y pruebas. Ni tan solo eso asegura el éxito, pero es lo único que podemos hacer. Se hace lo mejor posible. Y en este esfuerzo se enmarca la más reciente y espectacular prueba de vuelo realizada recientemente, protagonizada por un modelo del paracaídas que está destinado a frenar al próximo gran rover marciano, que en 2020 se adentrarán en la atmósfera marciana a 5.4 kilómetros por segundo. Será su misión reducir tan carrera enloquecida hasta ponerlo a una velocidad subsónica, que dará paso a las siguientes maniobras de frenado, esta vez ya mediante con retroimpulsores.

Y para avanza hacia su diseño final, un cohete Black Brant IX despegaba el pasado Octubre desde las instalaciones del Goddard Space Flight Center's Wallops Flight Facility, transportando lo que se conoce como ASPIRE (Advanced Supersonic Parachute Inflation Research Experiment), una estructura cilíndrica que contenía el paracaídas supersónico, el mecanismo de despliegue y los instrumentos y cámaras para registrar todo lo que ocurriera. Después de alcanzar los 51 kilómetros de altura se inició el viaje de regreso. 42 segundos más tarde, a una altitud de 42 kilómetros y una velocidad de 1,8 veces la velocidad del sonido, se cumplieron las condiciones idóneas para la prueba, allí donde la densidad del aire era la que se encontrará una vez dentro de la atmósfera marciana, y el paracaídas se desplegó con éxito, para finalmente amerizar en el Atlántico.

El paracaídas probado durante este primer vuelo fue casi una copia exacta del utilizado en el exitoso aterrizaje de Curiosity, en 2012. Las pruebas que están por venir evaluarán el rendimiento de una versión reforzada que también podría utilizarse en futuras misiones a Marte, generándose en el proceso una enorme cantidad de información técnica que será utilizada para avanzar hacia el diseño definitivo del que en 2020 volará a través de los rojos cielos marcianos, guiando al nuevo explorador hacia su destino. Y en esta ocasión también imágenes, que ofrecen una visión aproximada de lo que veremos cuando se despliegue contra los cielos, gracias a que una de las cámaras que registrarán esos momentos críticos estará apuntando hacia arriba, ofreciendo una visión inédita de los famosos 7 minutos de terror, el lapso del tiempo en que toda sonda que intente aterrizaje en Marte se juega el ser o no ser.

El Black Brant IX despegando desde las instalaciones delWallops Flight Facility, el pasado 4 de Octubre.

La primera prueba de vuelo supersónico del futuro paracaídas del rover Mars 2020. 

NASA's Mars 2020 Mission Performs First Supersonic Parachute Test

lunes, noviembre 13, 2017

Un corazón eternamente cálido

Buscando una explicación al largo calentamiento de esta pequeña luna.

Encélado es tan pequeño como sorprendente, una esfera de hielo bajo cuya superficie existe un océano global, así como actividad geotermal, atestiguada por la presencia de sales y polvo de silicio en los géisers que emanan de su polo sur. Todo ello indica una intensa y constante fuente de calor que mantenga todo ese complejo sistema en movimiento, pero hasta ahora la respuesta no está del todo clara. Las mareas gravitatorias son la explicación habitual y más lógica, aunque también es cierto que el calor generado por la fricción del hielo, por si solo, no sería suficiente para compensar el que se perdería, y en un tiempo relativamente corto, estimado en unos 30 millones de años, se habría congelado completamente.

Falta algo en el puzzle que permita ofrecer una teoría completa que explique todos y cada uno de los detalles observados de forma coherente, una pieza que haga encajar el conjunto. Y esta podría ser que el núcleo rocoso de Encélado fuera poroso, lo que permitiría a la fricción de marea podría generar calor suficiente para alimentar su actividad miles de millones de años. Así lo defiende un nuevo estudio publicado en Nature Astronomy, y que daría así sentido a la tremenda actividad de este luna, así como que la corteza helada en el polo sur, donde se manifiestan sus plumas de partículas, sea mucho más delgada que en el resto. "Aunque nunca ha estado claro cuál es la fuente de la que Encélado obtiene la energía para permanecer activa, ahora hemos visto con más detalle cómo la estructura y la composición de su núcleo rocoso podría tener un papel fundamental en la generación de la energía necesaria", señala el autor principal del estudio, Gaël Choblet, de la Universidad de Nantes.

Incluyendo todo lo que sabemos y conocemos de Encélado, se añadió en nuevas simulaciones un núcleo formado por roca porosa deformable y no consolidada, en que el el agua podría filtrarse facilmente y calentarse gradualmente gracias al calor generado por la fricción de las mareas gravitatorias, que posteriormente transferirían dicho calor al océano superior en forma de estrechas columnas, que además de transportar partículas minerales, también se elevarían hasta la corteza helada, fundiéndola en parte y haciendo que fuera mucho más delgada. Esto no solo explicaría que se mantenga activa a lo largo de las eras, sino también pondría luz en la otra gran pregunta, el porque los géisers, la actividad externa que vemos en esta luna, está concertada de tal forma en el polo sur.

Y es que esto nuevos modelos muestran que la mayoría del agua se expulsaría precisamente en las regiones polares, y en forma de un proceso en cadena que provocaría puntos calientes en zonas localizadas, generando un menor grosor en la capa de hielo justo sobre su vertical, algo que coincide con lo interpretado por Cassini a lo largo de sus repetidos sobrevuelos. "Nuestras simulaciones pueden explicar al mismo tiempo la existencia de un océano global, debido al transporte de calor a gran escala entre las profundidades del interior y la capa de hielo, y la concentración de actividad en una región relativamente reducida alrededor del polo sur, lo que justificaría los principales fenómenos observados por Cassini", explica el coautor del estudio Gabriel Tobie, también de la Universidad de Nantes.

Una fuente de calor permanente a lo largo de miles de millones de años, con la suficiente intensidad para explicar la existencia de un océano global, y que al mismo tiempo daría sentido a la presencia de unos puntos de actividad en superficie tan concentrados. Si este es el escenario que se esconde debajo de su helada superficie, y todos los elementos encajan con esta nueva visión del corazón de Encélado, la vida, de existir, habría tenido todo el tiempo del mundo para desarrollarse. Y la necesidad de regresar, con una sonda especialmente equipada tanto para estudiar tanto su geología interna como para detectar las posibles señales químicas biológicas presentes en sus plumas de vapor de agua, nunca habrá sido más acuciante.

El interior de Encélado según el modelo ahora presentado, con el agua filtrándose en el interior del núcleo, para salir de nuevo, transportando el calor adquirido de las mareas gravitatorias en forma de estrechas columnas, que tiene en el polo sur principal punto de salida.

El largo calentamiento de Encélado

domingo, noviembre 12, 2017

Post Vintage (249): Una oscuridad resplandeciente

Adentrándonos en una de las más famosas nebulosas de polvo interestelar y visible a simple vista desde el Hemisferio Sur. 

Nuestros ojos se sienten atraídos por el brillo de las estrellas y los planetas, por el tenue resplandor de la Vía Láctea, por la luminosa cara de La Luna, aunque en realidad no sea más que un pobre espejo de la luz solar. En la inmensidad de la noche, rodeados por las tinieblas del basto Universo que se extiende sobre nuestras cabezas, es el lugar más natural donde centrar nuestra mirada. Pero no siempre. En ocasiones la oscuridad, al mismo tiempo temida y amada, puede ser igual de resplandeciente. Este es el caso de la nebulosa Saco de Carbón.

Situada a 600 años luz de distancia, en la constelación de la Cruz del Sur, su negra silueta se recorta como un fantasma sobre la banda luminosa y estrellada de la Vía Láctea y, por esta razón es conocida desde el día que los primeros seres humanos comenzaron a poblar el hemisferio sur, mucho más agraciado por las bellezas del Cosmos que su contrapartida norteña. Pero con la mayor parte de la Humanidad concentrada en este último, donde también se concentra la mayor parte de las tierras emergidas, pasaría mucho tiempo antes de que fuéramos conscientes de su existencia.

El primer habitante del Norte en darla a conocer, en 1499, fue el explorador español Vicente Yáñez Pinzón. Durante un tiempo se la conoció como la Nube Oscura de Magallanes, un juego de palabras dado su negro aspecto en comparación con el brillante resplandor de las dos nubes de Magallanes, galaxias satélite de la Vía Láctea, igualmente desconocidas hasta el viaje de Fernando de Magallanes en el siglo XVI, de ahí su nombre. El cielo del Sur estaba lleno de joyas que Europa solo conoció cuando los primeros exploradores avanzaron hacia el Sur y cruzaron el ecuador, desvelando el firmamento que se escondía más allá del horizonte del viejo mundo.

Sin embargo, Saco de Carbón no es una galaxia. Se trata de una nube interestelar de polvo tan espesa que impide el paso de  la luz de las estrellas del fondo, de ahí que la veamos, no directamente, sino el aparente vacío que parece crear en lo que, por otra parte, es un tapiz continuado de estrellas. Su  corazón, que apenas tiene un 10% de la luminosidad del espacio circundante está formado de gas y partículas de polvo, que tienen sobre su superficie capas de agua congelada, nitrógeno, monóxido de carbono y otras moléculas orgánicas simples. Un muro que bloquea la luz estelar, aunque no del todo, como revela esta imagen. Algo de ella puede pasar, pero más enrojecida de lo que debería ser, ya que la luz azul es absorbida y dispersada en mayor medida que la roja. Por eso las estrellas que podemos entrever a través de ella tienen este tono.

Tan densa como transitoria, y por extraño que parezca, es el principio del camino hacia lo opuesto. Las densas nubes interestelares como esta contienen inmensas reservas de polvo y gas, el combustible para formar nuevas estrellas.Y del Saco de Carbón saldrá una nueva generación estelar, que con el tiempo disipará lo que una vez fue una profunda oscuridad, tan profunda, rodada como estaba de un mar de estrellas, que por extraño que parezca casi resplandeció con luz propia.

La nebulosa con un campo de visión más amplio. Este rico paisaje forma parte, visto desde la Tierra, de la pequeña constelación de la Cruz del Sur. La estrella brillante es Alfa Crucis, también conocida como Acrux, una de las cuatro estrellas que conforman la famosa forma de Cruz.

La nebulosa Saco de Carbón (Coalsack Nebula) recortándose sobre la Vía Láctea. A su alrededor otras joyas del hemisferio Sur, como las galaxias Gran y Pequeña Nube de Magallanes.

La zona del firmamento austral donde podemos localizar el Saco de Carbón. Las estrellas mostradas aquí son visibles a simple vista en una noche despejada. La nebulosa propiamente dicha puede ser vista fácilmente sin telescopio como un área oscura superpuesta sobre el resplandor de la Vía Láctea.

Viajando desde la Tierra hasta esta oscura nube interestelar.

Un saco de carbón cósmico

viernes, noviembre 10, 2017

Cuando las estrellas bailan

Midiendo nuestra galaxia con la técnica del paralaje.

Extendamos el brazo, levantemos el dedo pulgar y cerramos un ojo, mirándolo fijamente con el otro. Y ahora cambiemos de ojo. Podremos ver como la aparente posición de nuestro dedo con respecto a lo que tengamos de fondo (lámpara, televisor, un cuadro en la pared, ect...) cambia notablemente. Es un sencillo experimento con el cual podemos entender el concepto del paralaje, el ver el mismo cuerpo desde dos ángulos ligeramente diferente y su movimiento aparente con respecto a lo situado más allá. En nuestra vida diaria eso permite a nuestro cerebro generar una visión en profundidad, combinando la información que le llega de cada ojo. Pero es astronomía fue la técnica que permitió medir por primera vez distancias estelares y darnos cuenta de la inmensidad de nuestro galaxia.

La idea es simple. La Tierra gira alrededor del Sol, y a partir de un punto concentro, al cabo de 6 meses se encontrará en el punto opuesto, o lo que es lo mismo, a unos 300 millones de Kilómetros de distancia. Un desplazamiento que genera un aparente cambio en las posiciones de las estrellas más cercanas con respecto a la más lejanas situadas de fondo, en un baile cada vez mejor cuando más lejos se encuentre. Eso permite calcular con notable precisión a que distancia que se encuentra de nosotros.

 El astrónomo alemán Freidrich Wilhelm Bessel fue el primer en aplicar esta técnica, siendo 61 Cygni la primera estrella cuya distancia pudo ser medida. No es la más cercana, pero su elevado movimiento propio (5,2” al año) hacia pensar que quizás lo era, y por eso fue elegida. Posteriormente le seguirían Vega y Alfa Centauri, revelándose que esta última era en realidad la estrella (que posteriormente se descubrió que era un sistema triple) más próxima. Se abrían las puertas del Universo, aunque de forma limitada. Efectivamente, esta técnica funciona en estrellas relativamente cercanas, pero para objetos más lejanos, o directamente en el reino intergaláctico, la diferencia es demasiado ínfima o directamente nula como para poder aplicarse, necesitando ya otros métodos.

Pero poco a poco los límites donde la técnica del paralaje, la frontera a partir de la cual deja de ser efectiva, cada vez se sitúa más lejos, al ritmo que las nuevas tecnologías permiten medir variaciones cada vez más pequeñas, imposibles en los tiempos de Bessel. Y si hasta hace poco dichos límites se situaban a unos 36.000 años-luz, un equipo científico del Max Planck Institute for Radio Astronomy los lleva ahora mucho más lejos, hasta 66.000 años-luz, prácticamente hasta el otro extremo de la Galaxia. Todo gracias a las observaciones del Very Long Baseline Array (VLBA), cuya precisión para medir desplazamientos de objetos celestes es cientos de veces superior a todo lo que una vez pudo soñar el astrónomo alemán.  

El objeto de estudio fue una zona de formación estelar, como puede ser la Nebulosa de Orión, conocida como G007.47+00.05, y que se encuentra prácticamente al otro lado de la Galaxia. Como todas las regiones de este tipo,  esta contiene moléculas de agua y metanol, que actúan como amplificadores naturales de las señales de radio. Esto da como resultado masers (el equivalente en onda de radio de los láseres), un efecto que hace que las señales de radio aparezcan brillantes y fácilmente observables con radiotelescopios .Eso facilito la observación y el delicado ejercicio de extraer de ellos el casi imperceptible desplazamiento aparente fruto del movimiento de la Tierra

Bassel se habría asombrado de tal hazaña. Por el logro en si mismo y porque ahora seamos capaces de ver y medir la distancia de objetos situados al otro lado de nuestra galaxia, superando así la dificultad extrema que representa intentar conocer su estructura general habitando en su interior, y teniendo, por tanto, una visión tan limitada de ella que incluso su forma exacta aún no es del todo conocida.

Como explica Alberto Sanna, que lideró este estudio,"ahora podemos mapear con precisión todo el alcance de nuestra galaxia. La mayoría de las estrellas y el gas en nuestra galaxia están dentro de esta distancia. Ahora tenemos la capacidad de medir distancias suficientes para rastrear con precisión los brazos espirales de la galaxia y aprender sus verdaderas formas". Los próximos años oiremos hablar mucho del VLBA, y quizás, más pronto de lo que podíamos soñar,  tener en nuestras manos un auténtico mapa general y preciso de nuestra ciudad estelar.

La posición de G007.47+00.05, prácticamente al otro lado de la galaxia y cerca de sus límites. 

Paralaje estelar. El movimiento de la Tierra hace que los cuerpos estelares más cercanos cambien su posición con respecto a los situados más lejos.

Un ejemplo práctico, que podemos apreciar nosotros mismos, del paralaje. A nuestro cerebro eso le permite ofrecernos una visión en profundidad. En astronomía la idea es básicamente la misma. 

Astronomers start mapping the structure of the far side of the milky way

jueves, noviembre 09, 2017

Los mundos desconocidos

NGTS-1b, un planeta que no debería existir según las actuales teorías sobre la formación planetaria.

Solo se que no se nada. Quizás la frase más famosa atribuida a Sócrates, y quizás, en no pocas ocasiones, la que mejor define nuestro conocimiento del Universo. No tanto porque no sepamos muchas cosas del, sino por la eterna sensación de que todo ese conocimiento adquirido con tanto esfuerzo sigue siendo una pequeña fracción de la realidad, que más allá se esconden muchas cosas que aún desafían nuestra imaginación, y que, tarde o temprano, por sólida que sea una teoría, algo cósmico hará acto de presencia para obligarnos a replantearnos su validez total o parcial. No esa algo malo, por mucho que algunos quieran verlo como tal, sino la base misma del progreso en todas las áreas de la ciencia, aunque ciertamente puede ser algo frustrante. Pero esa es la definición misma de la astronomía.

NGTS-1b es un reciente ejemplo de ese tortuoso camino. Es un planeta gigante, lo que se conoce como un "Júpiter caliente", mundos al menos tan grandes como el rey de nuestro Sistema Solar aunque situados mucho más cerca de su estrella, en ocasiones tanto que tardan solo unos pocos días terrestres en completar una órbita. Son relativamente habituales y por ello su hallazgo tendría un interés limitado, sería uno más añadido a la lista de exoplanetas descubiertos. Pero con un pequeño, o mejor dicho gran "pero", y es que simple y llanamente no debería existir, al menos según las teorías de formación planetaria que se manejan hoy día.

El problema esta en su Sol, una enana roja con un radio y una masa apenas la mitad de nuestra estrella, y según esas mismas teorías este tipo de astros, la clase más común de la Galaxia, no reúnen suficiente material para formar planetas como nuestro Júpiter. "El descubrimiento de NGTS-1b fue una completa sorpresa para nosotros, ya que no se creía que estos planetas masivos existieran alrededor de estrellas tan pequeñas", reconoce Daniel Bayliss, autor principal del estudio. No deberían existir, pero esto muestra una realidad bien distinta. Algo se nos escapa, recordando que pese a todo aún queda un largo camino para entender en toda su complejidad los procesos que llevan a la formación de planetas.

Y para eso existen nuevos sistemas de búsqueda y observación, como el reciente
NGTS (Next-Generation Transit Survey), en el desierto de Atacama, y que tuvo en NGTS-1b su primer hallazgo planetario. Un más que notable forma de demostrar su capacidad, ya que su estrella es tan tenue que no hace sencillo poder captarlo, y además transcendental, ya que permitió sacar a la luz algo que no se esperaba encontrar, mostrando que las enanas rojas pueden ser un hogar planetario potencialmente tan rico como la de estrellas mayores, como el Sol. Lo que nos recuerda nuevamente una vez más que seguimos sabiendo poco del Universo que nos acoge. El viaje, pese a todo, apenas acaba de comenzar.



NGTS,  una serie de 12 telescopios robóticos para recorren el limpio y oscuro cielo nocturno de Atacama, buscando ligeras alteraciones en el brillo de estrellas situadas en zonas previamente escogidas para su monitorización, y que permitan revelar así la presencia de planetas. 

Conoce NGTS-1b, un planeta monstruo 'imposible'

miércoles, noviembre 08, 2017

Ecos del futuro

ALMA nos ofrece las imágenes más detalladas de una estrella como el Sol en la fase final de su existencia.

Vivimos bajo la luz de una estrella de media edad cuya vida transcurre tranquilamente, todo lo tranquilo que puede ser un enorme reactor de fusión nuclear en constante actividad. Pero llegará un día en que este camino pausado se precipite hacia la furia y la inestabilidad, hacia el momento en que el combustible de su corazón de agote y este comience a latir de forma cada vez más violeta y caótica, a medida que desesperadamente intente extraer energía de elementos cada vez más pesados. Una última lucha antes del fin, no en forma de supernova, para lo cual no es suficientemente masiva, sino creciendo hasta convertirse en una gigante roja, para posteriormente expulsar sus capas externas y quedando solo el antiguo núcleo desnudo, una enana blanca.

Se podría argumentar que esto es solo una idea, una hipótesis, ya que hablamos de algo que supuestamente pasará dentro de varios miles de millones de años. Afortunadamente vivimos rodeados de otras estrellas, habitamos una ciudad galáctica con cientos de miles de millones de ellas, de todo tipo y tamaño, y entre ellas algunas que son, por tamaño, temperatura y masa, hermanas del Sol. Unas más jóvenes, otras más viajas, algunas en proceso de nacer y otras, como es la protagonista de esta historia, precipitándose hacia su final. Y viéndola a ella podemos tener una imagen del futuro que le espera a la nuestra.

W Hydrae es un ejemplo de estrella fría, brillante y que está perdiendo masa a través de los furiosos vientos estelar que emanan de ella. Es una gigante roja porque ya alcanzó esa fase final en que el núcleo se agotó, las reacciones de fusión se extendieron hacia capas más externa, aún con reservas de hidrógeno, y como resultado se expandió hasta alcanzar su tamaño actual, el doble que el diámetro de la órbita de la Tierra. Pero en el pasado, durante su fase de vida estable y tranquila, no fue muy diferente al Sol, con una masa y tamaño semejante. Es un "Sol" que alcanzó ya el final del camino. Una reflejo del futuro que merece la pena ser estudiado.

Así lo hizo ALMA, las enormes instalaciones astronómicas situadas en el desierto de Atacama, logrando así las imágenes más detalladas jamás logradas de una gigante roja con una masa similar al Sol. No son las primeras de estas características, pero si las primeras centradas en un "Sol antiguo". Y como no podía ser de otra forma, revelando enigmas que han sorprendido a los astrónomos, como la presencia de una mancha compacta y brillante, que indica la presencia de  gas sorprendentemente caliente en una capa sobre la superficie de la estrella, una cromosfera."Nuestras mediciones del punto brillante sugieren que hay poderosas ondas de choque en la atmósfera de la estrella que alcanzan temperaturas más altas de lo que predicen los modelos teóricos actuales para este tipo de estas estrellas", dice Theo Khouri, astrónomo y miembro del equipo responsable de estos hallazgos. Aunque también se baraja la posibilidad de que las observaciones coincidieran en el tiempo con una gigantesca llamarada, lo que es una opción igualmente intrigante y extraordinaria.

"Es humillante ver nuestra imagen de W Hydrae y ver su tamaño en comparación con la órbita de la Tierra. Nacemos de material creado en estrellas como esta, por lo que para nosotros es emocionante tener el desafío de comprender algo que nos dice tanto sobre nuestros orígenes y nuestro futuro". Es el fascinante eco de lo que un día, en tiempos por venir, tan lejanos que nuestra mente apenas puede concebirlos, le ocurrirá al Sol.

W Hydrae en comparación a nuestro sistema planetaria, extendida más allá de la órbita de la Tierra.

Las mejores imágenes logradas hasta hoy de la superficie de otras estrellas.

El Sol anciano será tan enorme como esta gigante roja

martes, noviembre 07, 2017

La estrella soñada

ALMA detecta dos posibles anillos de polvo alrededor de Próxima Centauri, que sugiere la presencia de un sistema planetario complejo.

Es muy especial. No por ella misma, ya que no deja de ser una enana rojo común, la clase estelar más abundante de la Galaxia, pero si para los habitantes de la Tierra, ya que es la más cercana conocida (El Sol a un lado), y por eso mismo el primer lugar al que solíamos mirar en busca de señales de otros mundos, además de escenario ideal para no pocas historias de ciencia ficción. Una búsqueda infructuosa hasta que en 2016 se presentaron evidencias sólidas de que, efectivamente y como muchos habían siempre soñado, disponía de un compañero planetario. Y aún más importante, de un tamaño estimado parecido al de la Tierra. Próxima Centauri entraba por la puerta grande en el Olimpo de los sueños.

Pero es posible que esto solo fuera el principio de algo mucho mayor. ALMA nos anuncia ahora la existencia de una concentración de polvo y hielo alrededor, que abarca desde el más diminuto grano de polvo, más pequeño que un milímetro, hasta cuerpos tipo asteroide con muchos kilómetros de diámetro. Pero lo importante es que dichas concentraciones de materia parecen concertarse en varios anillos, algo dificil de explicar de no ser por la presencia de cuerpos planetarios que los han "esculpido", tal como explica Guillem Anglada, del Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC), y autor principal de este descubrimiento,"el polvo alrededor de Próxima es importante porque, tras el descubrimiento del planeta terrestre Próxima b, es el primer indicio de la presencia de un complejo sistema planetario (formado por más de un único planeta) alrededor de la estrella más cercana a nuestro Sol".

Más concretamente ALMA detectó la emisión térmica de un cinturón con una masa estimada de una centésima parte de la terrestre y que se extiende a unos pocos cientos de millones de kilómetros de la estrella. Relativamente cerca, aunque dado que estamos hablado de un astro tan tenue, eso es suficiente para que las temperaturas apenas alcancen los -230 Centígrados, un rango térmico parecido al que existe en Plutón y el Cinturón de Kuiper. Y aunque no de forma tan definitiva, evidencias de un segundo cinturón situado 10 veces más lejos. Ambos mucho más lejos que el planeta descubierto en 2016, Próxima b, que se mueve a solo 4 millones de Kilómetros de la estrella, pero que podría disponer de temperaturas adecuadas para la existencia de agua líquida.

Un planeta quizás no tan solitario como creíamos, ya que "este resultado sugiere que puede tener un sistema múltiple del planetas con una rica historia de interacciones que dieron lugar a la formación de un cinturón de polvo. Estudios más profundos podrían proporcionar información para localizar la ubicación de planetas adicionales que todavía no han sido identificados". La estrella más cercana, posiblemente la primera que alcanzaremos si un día solos capaces de desarrollar métodos de propulsión a la altura del reto del medio interestelar, podría tener todo un sistema planetario esperando nuestra llegada. Nuestro próximo destino debe ser Próxima. Nunca mejor dicho.

Próxima en los cielos australes. Esta imagen combina una visión de los cielos del sur sobre el Telescopio de 3,6 metros de ESO, en el Observatorio La Silla (Chile), con imágenes de las estrellas Próxima Centauri (inferior derecha) y la estrella doble Alfa Centauri AB (abajo a la izquierda) tomadas con el telescopio espacial Hubble. 

Impresión artística de los anillos de partículas detectados por ALMA en Próxima Centauri.

El sistema triple Alfa Centauri. Próxima es la más pequeña y se mueve alrededor de las otros dos  a unas 15 000 Unidades Astronómicas de distancia, aunque tal separación hace que su pertenencia al sistema no esté del todo confirmada.

Representación de Próxima desde Próxima b, de momento su único planeta. Este reciente descubrimiento de anillos de polvo implica que posiblemente no es el único.

Quizás un día seremos capaces de saltar a otro estrella. Y Próxima es ahora, más que nunca, posiblemente la meta más viable y atractiva para ello. 

ALMA descubre polvo frío alrededor de la estrella más cercana

lunes, noviembre 06, 2017

Retorno entre gigantes

Recuperando el contacto con Juno después de la conjunción solar y un nuevo encuentro con el planeta.

Las sondas interplanetarias necesitan una amplia capacidad de autonomía, de ser capaces de realizar diferentes tareas por si mismas, reaccionar a circunstancias imprevistas y afrontar posibles problemas técnicos. Las mismas distancias que las separan de la Tierra hace imposible un control a tiempo real, y en ocasiones el Sol puede interponerse entre ellos. Son las llamadas conjunciones solares, porque desde nuestro punto de vista el planeta o sonda se sitúa junto a nuestro estrella, directamente delante o detrás (eso solo posible con Mercurio o Venus) o como mínimo visualmente tan cerca que las comunicaciones por radio son demasiado dificultosas o directamente imposibles.

Esa fue la situación que vivió Juno recientemente, con la circunstancia "extra" de que debía afrontar un nuevo sobrevuelo rasante de Júpiter, el 8º desde su llegada. A diferencia de los anteriores, está vez nadie pudo monitorizar que todo se estaba desarrollando correctamente. Solo quedó esperar que ese 24 de Octubre, momento del encuentro, las cosas siguieran su curso. Y esperar, evidentemente, que cumpliera los comandos recibidos, que le indicaron que debía reunir todos los datos científicos posibles, guardarnos en su memoria y esperar que terminara la conjunción para llamar a casa.

Y así lo hizo el pasado 31 de Octubre, cuando la señal de Juno fue de nuevo captada. Se confirmó que todo había transcurrido según lo previsto, que había sobrevolado el planeta con todos sus instrumentos a pleno rendimiento y que toda esta información estaba almacenada y lista para ser transmitida, proceso que se inició poco después. De haberse intento hacerlo antes la interferencia solar podría haber corrompido mucha de la información contenida por la señal, perdiéndose de forma irrecuperable.

Un nuevo reto y un nuevo éxito para una misión que comenzó mal al no poder alcanzar la órbita definitiva, pero que desde entonces, aunque sea a plazos más largos de los previsto inicialmente, no deja de sorprendernos con sus imágenes y datos. Y posiblemente aún lo siga haciendo en un futuro cercano, tal como explica Ed Hirst, recientemente nombrado nuevo administrador de la misión Juno:"Nuestra nave espacial está en excelente forma, y el equipo espera muchos más sobrevuelos del planeta más grande del sistema solar".

Júpiter se encontró los últimos días de Octubre en una Conjunción Superior con respecto a nuestro planeta. Eso hacía muy complicado cualquier comunicación con Juno, por lo que esta afrontó un nuevo sobrevuelo muy cercano (poco más de 3.000 Kilómetros) de Júpiter de forma totalmente autónoma y sin comunicarse con la Tierra. 

Juno Aces Eighth Science Pass of Jupiter, Names New Project Manager